(un artículo q encontré x ahí)
A veces andamos tan apurados por la vida que no nos damos cuenta de los detalles importantes que nos rodean. Pareciera que en nuestras vidas existen tan sólo dos estaciones: el trabajo y el descanso. Quizás sería más exacto hablar de una sola estación: el trabajo, porque hasta el descanso se realiza en función del trabajo. Pero la naturaleza nos enseña que hay cuatro estaciones durante el año.
Ha llegado la primavera y, con ello, el frío se va alejando. Esto significa mejor salud para los ancianos y menos costos para las personas con pocos recursos ya que desaparece el gasto de calefacción. Además, cuando hace frío uno tiene ganas de quedarse en la cama por la mañana, mientras que en los días primaverales uno se levanta con más ganas. La contaminación se va despejando, las flores brotan, el pasto cobra un verde fresco, la luz aleja el gris monótono. Ya vienen las ganas de buscar el descanso fuera de la casa, mientras en el invierno el espacio se reduce bajo la techumbre.
La primavera se asocia con el amor, la juventud y el gozo de la vida. ¿Hemos perdido la estación de la primavera en nuestras vidas personales? No es difícil, con el acumulo de años, ir perdiendo el entusiasmo del vivir, la sensación de lo bello, el gozo de la amistad, el calor del amor de pareja, filial y paternal/maternal. A veces corremos el peligro de hacer de nuestra biografía personal un constante invierno, con asomos de otoño, pero con una ausencia total de la primavera.
En vez de sabiduría, a veces los años traen amargura y resentimiento. Así hacemos un invierno de nuestras vidas personales, como también de aquellos que nos rodean. El calor humano se sustituye con una frialdad exterior, mientras que por dentro se llora al niño que se ha enterrado. Algunos piensan que el dolor trauma, la vida tiene sorpresas desagradables, y la ingenuidad se paga caro a la larga. ¿Será? A fin de cuentas, todo depende de uno porque aunque no se puede cambiar algunas situaciones, siempre es posible cambiar la actitud hacia ellas. El pasado puede esclavizarnos como una ancla que nos impide zarpar para adelante, pero también es posible aceptar ese pasado, aprender de el y confiar en las oportunidades que ofrece el futuro.
Vale la pena abrir el capítulo de la primavera en la biografía personal de cada uno. A veces no resulta tan fácil, pero es posible como testimonian las vidas de tantas personas que uno conoce; personas que, a pesar de tantas dificultades, siempre tienen una sonrisa en su rostro; personas que no dejan espacio para la amargura ni en sus vidas ni en aquella de los que las rodean. Estas personas son la primavera de la humanidad.
A pesar de todas nuestras diferencias en la sociedad, hay elementos que unen muy profundamente. El profundo deseo de una vida donde quepa la primavera nos dilata que no somos tan distintos. Tendremos distintas experiencias, expresiones y estilos, pero en el fondo todos, sin excepción, queremos ser amados y deseamos amar. Esto nos une en una profundidad tan grande que llamamos humanidad. Que lo distinto sea un factor de riqueza y no de división, tal como las diferencias de las cuatro estaciones enriquecen el curso del mismo año.